Seleccionar página

Diseño Visceral

Hace un par de meses realizamos una investigación para identificar qué oportunidades de innovación podríamos proponer para la botella de una ‘conocida marca de bebidas deportivas’; el estudio se basó en la relación del consumidor con los aspectos funcionales y emocionales del envase. Sí, lo emocional… ese asunto que últimamente se ha vuelto tan popular entre los diseñadores.

Botella GatoradeDurante el trabajo de campo entrevistamos a Ruby, una entusiasta deportista y consumidora del producto. Mientras ella sostenía la botella intentaba, en vano, definir qué era eso que le gustaba tanto del envase. Al igual que ella, varios de los entrevistados sufrieron la misma incapacidad expresiva para resumir en palabras precisas ese misterioso factor que hacía tan seductor al envase. Balbuceaban frases como: “no sé qué es lo que tiene”, “se siente bien”, “está padre”, “tiene algo” ,“no lo puedo explicar”.

Pero, a diferencia de los demás, Ruby tras una curiosa estratagema, cerrar los ojos, logró lo que parecía imposible: Dar una explicación ‘racional’ a una etérea situación ‘emocional’. Descubrió que los grabados de la botella habían creado en su ‘memoria’ una asociación entre esos detalles táctiles y uno de los momentos favoritos de su día: hacer deporte.

Los grabados le otorgaban, entonces, una función más allá de la personalización y el ‘agarre’ de la botella; al sentir estos grabados con la punta de sus dedos ella se transporta, mediante la imaginación, a una experiencia particularmente placentera.

Esta explicación me generó sesudas preguntas ‘metafísicas’ para el diseñador: ¿es qué acaso podemos ver con los ojos cerrados? y, si es así, ¿qué implicaciones tiene esto cuando diseñamos?

Fue hasta hace unos días, cuando asistí a “Hands on: Human Factors Reserach”, que empecé a encontrar respuestas a estas preguntas. “Hands on” es un workshop impartido por Matt Zabel, manager de Human Factors & Design Research en Brooks Stevens, Inc., firma dedicada al diseño y desarrollo de productos.

Matt explora cómo el material, la textura y el peso afectan la percepción de calidad, valor y deseo que otorgamos a los objetos. Los temas tratados en el taller incluían la importancia del sentido del tacto en el desarrollo humano (percepción háptica) y el valor de los detalles ergonómicos en la experiencia física.

A través de ejercicios con objetos y materiales logramos el objetivo del taller: explorar la experiencia ‘visceral’ del producto. Pero antes de meternos, sin asco alguno, a las ‘tripas’, debo hablar de las conexiones y relaciones que hacen exitoso a un producto. Éstas son:

Conexiones

También existe otra conexión, esa que se da en el punto de venta cuando Ruby toma la botella, la siente y sin saber porqué, sabe que está bien hecha y que le gusta. Esa conexión ‘mágica’ que se da entre producto y consumidor, la conexión visceral.

Visceral definición

¿Por qué hablar de conexiones viscerales?

Para variar Don (le digo así porque ya es mi amigo), con su libro Emotional Design – Why we love or hate everyday things, nos da algunas respuestas:

“… much of the human behavior is subconscious, beneath conscious awareness… many judgments have already been determined before they reach consciousness.” p.11

Amamos u odiamos las cosas en un instante. Segundos después de percibir un objeto con nuestros ojos o la punta de dedos se da un momento ‘mágico’, en el que nuestro lado primitivo o cerebro ‘reptil’ nos dice si nos gusta o disgusta; después pasa por nuestra mente conciente, pero para ese entonces decisiones muy importantes han sido tomadas.

“At the visceral level, people are pretty much the same all over the world.” p.33

Como diseñadores e investigadores tomamos en cuenta cuestiones sociodemográficas, pero no podemos dejar de lado las ‘tripas’ porque mientras lo racional y lo emocional varía por cultura, lo visceral es prácticamente igual para todos.

“Visceral design is what nature does” p. 65

Lamento corregir a aquellos que piensan que la naturaleza es bella, pero no lo es. La naturaleza no hace cosas hermosas, la naturaleza hace que las cosas se sientan correctas; ese sentimiento de lo ‘correcto’ es algo que no podemos dejar de lado cuando diseñamos ya sea una botell, un póster (infografía) o una interfaz.

Por años el diseño se ha enfocado en la realización objetos estéticos y agradables para la vista, después llegó la ‘sub-tribu’ de diseñadores de información haciendo no sólo ‘cosas bonitas’ sino también funcionales.

Pero ¿qué pasaría si por un momento dejamos de prestarle atención a la vista y nos concentramos en el tacto? ¿si en vez de enfocarnos en la función, lo hacemos en la emoción? Como diseñador suena aterrador, lo sé. Pero no es tan aterrador como los experimentos que Harry Harlow realizó en la década de 1950. Preparen la caja de Kleenex:

The Wire MotherCon ‘The Wire Mother’ este psicólogo americano separó a un grupo monos bebés de sus madres biológicas dándoles la opción de dos madres sustitutas: una cubierta de tela afelpada y otra hecha de alambre. Aún cuando sólo la segunda proveía de alimento (mediante un biberón con leche), los pequeños monos prefirían pasar hambre al lado de la suave madre afelpada, que pasar tiempo al lado de una fría madre ‘funcional’.

La experiencia del tacto es crítica, como diseñadores no debemos subestimar el poder del tacto y deberíamos desarrollar y evaluar las experiencias táctiles con el mismo rigor que lo hacemos con la estética.

Por qué no la próxima vez que diseñemos tomamos en cuenta el sentido del tacto y las conexiones viscerales; tal vez logremos que los usuarios ‘vean’ nuestro diseño con los ojos cerrados y al igual que Ruby asocien esos detalles táctiles con experiencias placenteras y momentos agradables.